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La isla de los pingüinos: Georgia del Sur

La isla subantártica de Georgia del Sur (South Georgia) se ubica en el océano Atlántico Sur, al este de las Islas Falkland. Una tierra de discordia entre el Reino Unido y la República Argentina, pues tras varias décadas de la famosa guerra de las Malvinas, las Naciones Unidas continúan considerándola como territorio de soberanía no definida. La isla comprende una longitud de casi ciento setenta kilómetros que abarcan oscuros picos antárticos que alcanzan altitudes superiores a los dos mil metros, mantos de hielo e imponentes glaciares. Esta remota isla apenas posee asentamientos humanos y sus escasos habitantes residen en las bases científicas dedicados a la investigación, además, no dispone de ninguna pista de aterrizaje, por lo que el único modo de acceso es el barco, convirtiendo a la isla en un santuario de vida salvaje que permanece aislado de la civilización, un paraíso para las miles de aves y mamíferos marinos que lo habitan.

En la bahía de Saint Andrews y en la llanura de Salisbury se puede contemplar uno de los espectáculos más fascinantes de la naturaleza salvaje de nuestro planeta, el inmenso bullicio de la colonia de pingüinos reales que abarrotan sus costas, cientos de miles de ejemplares embozando la playa con sus hermosos tonos blanquinegros, anaranjados y amarillos. Una inmensa aglomeración gozando de la gélida playa y dándose un festín de krill, peces, calamares y crustáceos. Durante la época de cría, la isla también alberga la población más densa de mamíferos marinos del planeta, constituyendo el habitat de miles de focas leopardo, elefantes marinos del sur y lobos marinos antárticos, así como una populosa comunidad de aves marinas, como los espectaculares petreles gigantes, los albatros tiznados o los págalos subantárticos. La flora de la isla se ajusta a la vegetación de tundra, compuesta por plantas herbáceas bajas, musgos y liquenes, pues las especies leñosas son incapaces de soportar estas severas condiciones, así como praderas de gramineas coriaceas de tipo tussok, que se caracterizan por su capacidad para crecer en condiciones hostiles, sirviendo de sustento a los renos que habitan la isla y también como zona de anidación para los millares de aves marinas.  

Los numerosos glaciares de la isla se precipitan hacia el mar, poblando de icebergs las aguas que la rodean y creando bellos paisajes dominados por la roca y el hielo, donde todavía se observan antiguas estaciones balleneras desahuciadas, estructuras vacías y oxidadas, trágicos testigos de las terribles matanzas que llevaron al borde de la extinción a la ballena azul.

Georgia del Sur integra un genuino oasis en los océanos glaciares, un punto de convergencia de la vida salvaje, un ecosistema que alberga una biodiversidad difícilmente igualable, pero también conforma un entorno frágil que puede ser gravemente alterado por el calentamiento global, por lo que diversas asociaciones científicas trabajan para conservar el patrimonio natural de la isla para las generaciones futuras y reparar los daños causados por los humanos en el pasado. Una isla que atestigua lo mejor y lo peor de la naturaleza humana.


Georgia del Sur
Brian Gratwicke


Georgia del Sur
Liam Quinn


Georgia del Sur
Brian Gratwicke


Georgia del Sur
Brian Gratwicke


Georgia del Sur
Brian Gratwicke


Georgia del Sur
Liam Quinn


Georgia del Sur
Christopher Michel


Georgia del Sur
Liam Quinn


Georgia del Sur
Liam Quinn


Georgia del Sur
Brian Gratwicke


Georgia del Sur
Christopher Michel


Georgia del Sur
Christopher Michel


Georgia del Sur
Christopher Michel