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Los acantilados de Dover: Las murallas blancas de Gran Bretaña

Los gigantescos acantilados de Dover han custodiado la entrada a Inglaterra durante siglos, conformando colosales muros naturales que se alzan más de cien metros sobre el mar, guareciendo las costas británicas frente al estrecho de Dover y Francia, un auténtico baluarte defensivo en el Canal de la Mancha que puede ser avistado desde las costas francesas en los días despejados. Además de su gran tamaño y verticalidad, los acantilados de Dover se caracterizan por su brillante color blanco, pues están compuestos por caliza de Creta, una roca de origen orgánico que se emplea en la elaboración de la tiza. Sus blancas fachadas se encuentran tiznadas por vetas de pedernal negro, acentuando la belleza de uno de los símbolos británicos por excelencia, que se extienden al este y al oeste de la ciudad de Dover, en el condado de Kent, un puerto inglés de gran importancia tanto en el pasado como en la actualidad.

Los acantilados de Dover se encuentran estrechamente vinculados a la historia de Gran Bretaña, desde la invasión romana a los asaltos realizados por los alemanes durante el transcurso de las guerras mundiales del siglo XX. La primera descripción registrada en la historia de los acantilados blancos la realizó Julio Cesar en el año 55 AC, cuando pudo contemplar a bordo de los barcos romanos la monumental e inaccesible costa de Dover. Tras la invasión de la isla, se construyeron dos faros en la cima de los acantilados para orientar a los navíos romanos.

El origen geológico de estas enormes paredes de roca se remonta a finales del período Cretácico, hace unos setenta millones años, cuando esta zona de Gran Bretaña se encontraba sumergida bajo un mar poco profundo. En el lecho marino se fueron depositando diferentes estratos procedentes de pequeñas algas unicelulares conocidas como cocolitóforos, que proliferan en la superficie de los océanos hasta donde alcanza la claridad. Estas algas microscópicas de forma esférica cuentan con un caparazón duro formado por plaquetas calcáreas o cocolitos, formando capas de sedimentos que se fueron asentando muy lentamente, aproximádamente a un ritmo de medio milímetro al año. Posteriormente, los movimientos de la corteza terrestre alzaron el lecho marino sobre las aguas, tomando su forma actual al mismo tiempo que el estrecho de Dover debido a las fuertes inundaciones ocurridas durante la última Edad de Hielo, hace unos diez mil años, cuando el conjunto de las islas Británicas todavía formaba parte del continente europeo. Aproximádamente sobre el año 6.500 AC la fuerte erosión modeló lo que hoy conocemos como el canal de la Mancha, y desde entonces la acción de las olas sobre las costas ha aumentado la anchura del estrecho, un efecto que continúa hoy en día, integrando un lugar conocido por la fuerza e intensidad de sus mareas.

Los acantilados de Dover son una de las formaciones geológicas más espectaculares de Gran Bretaña, un icono nacional y un signo de esperanza y libertad durante siglos frente a los invasores, un bastión que persevera obstinado en su pugna contra el mar, cediendo un promedio de un centímetro por año. Dieciséis kilómetros de imponentes murallas que se extienden a lo largo de la costa coronadas por verdes pastizales, donde numerosas aves anidan en sus blancas y verticales fachadas, conformando uno de los paisajes más bellos y asombrosos del viejo continente.


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Kyle Taylor


Los acantilados blancos de Dover, Inglaterra, Gran Bretaña
C. G. P. Grey


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Dover, Inglaterra
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Dover, Inglaterra
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Dover, Inglaterra
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Dover, Inglaterra
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