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Mauna Loa y Kilauea: La costa de los volcanes en Hawái

Imponentes, dominando la costa del Pacífico, se alzan dos de los volcanes más activos del planeta: el Mauna Loa y el Kilauea. Un paisaje moldeado por las erupciones volcánicas e increíbles formaciones geológicas que conforman el hogar de numerosas especies endémicas de aves. Un paisaje cambiante donde medran bosques de helechos gigantes. Una tierra fértil e inestable que comprende un ecosistema único y complejo que se extiende desde el nivel del mar, donde se encuentran las playas de negra arena y sus litorales volcánicos, forjados por los flujos de lava que bregan con el océano Pacífico desde hace cientos de miles de años, hasta las cumbres de los majestuosos volcanes. Aquí, en el Parque Nacional de los Volcanes de Hawái, nos encontramos con uno de los paisajes más temperamentales del planeta, declarado Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1987.

El parque cuenta con una gran diversidad de comunidades vegetales comprendida entre sus áreas de clima tropical húmedo hasta sus cimas desiertas, contando con notables diferencias entre ellas; desde la selva tropical de Ola, uno de los mayores bosques vírgenes de Hawái compuesto por grandes helechos y árboles Ohiʻa lehua, endémicos de las islas, hasta el árido y yermo desierto de Ka'u o la tundra alpina en las alturas del Mauna Loa.

El Parque Nacional de los Volcanes se ubica en la parte sureste de la isla de Hawái, también conocida como la Isla Grande. Esta reserva natural comprende la cumbre y la falda sureste del Mauna Loa, el volcán más masivo de la Tierra, que se extiende más de cinco kilómetros bajo el nivel del mar, despuntando 4.169 metros sobre su superficie, así como la cumbre y las faldas del área sur del Kilauea, que ostenta el título de ser el volcán más activo del mundo. El Kilauea es uno de los pocos volcanes de nuestro planeta que alberga un lago de lava permanente en su caldera, conocida como Halemaumau, considerada por los nativos el hogar de Pelé, la diosa del fuego, cuyo temperamento inestable provocó en el año 1790 la muerte de un grupo de guerreros junto con las mujeres y niños que se encontraban en la zona, capturados por una erupción sumamente violenta. La muerte de estos hombres quedó plasmada en la lava solidificada y las huellas de esta tragedia pueden observarse aún hoy en día.

A lo largo de las volcánicas costas del parque nacional podemos encontrarnos con numerosos vestigios arqueológicos de los pueblos indígenas que habitaban a los pies de los volcanes, siendo posible observar los numerosos petroglifos, antiguos templos y tumbas, caminos pavimentados o embarcaderos, así como las ruinas de extensas estructuras de piedra que datan de la época del sumo sacerdote Pa'ao, presentes en la zona desde el año 1275. Como casi todos los parajes naturales de Hawai, el Parque Nacional de los Volcanes ha sido objeto de una considerable alteración biológica desde la llegada del hombre blanco, cuando el capitán británico James Cook fondeó en las islas en 1778, reclamándolas para Gran Bretaña bajo el nombre de islas Sandwich, en honor a John Montagu, cuarto Conde de Sandwich que en ese momento se encontraba a cargo de la Royal Navy. Cuando el explorador inglés arribó a las playas, diez mil hawaianos salieron a recibirlo, pues los isleños se encontraban celebrando la fiesta de makahiki en honor del dios Lono. Los nativos vieron a Cook como la personificación de su dios, que venía a sumarse a la celebración en su honor, por lo que el capitán y su tripulación fueron objeto de una gran hospitalidad, aunque el británico no tuvo tanta suerte en su retorno a las islas, ya en el año 1779. Su regreso comenzaría con un pequeño incidente, cuando algunos nativos robaron uno de sus botes, un hecho que desencadenaría males mayores. Enfurecido con los indígenas, Cook intentó tomar como rehén al rey de Hawái, Kalaniopuu, hasta que sus pertenencias le fueran devueltas. Esta insensata decisión provocó un gran altercado con los nativos en la playa, por lo que la tripulación de Cook comenzó a disparar a los hawaianos sin miramientos, aunque éstos, muy superiores en número, terminaron apuñalando y golpeando al capitán inglés hasta provocarle la muerte.

Las influencias occidentales comenzaron a asentarse en Hawái alrededor del año 1823, con la construcción de iglesias y escuelas, además de la introducción de ganado, como cerdos, caballos, ovejas y cabras traídos por los colonos, así como las mangostas o los jabalíes, que crean pozas de agua estancada para revolcarse, que a su vez sirven para incubar los mosquitos que provocan la malaria aviar, a lo que hay que sumar la alteración de sus bosques originales para el cultivo de plantaciones de azúcar y piña, sobre todo en las elevaciones bajas y medias, por lo que es complicado estimar la fauna original de las islas. Los científicos consideran que cuando los primeros polinesios llegaron a Hawái, entre los años 500 y 800 después de Cristo, existían casi setenta especies endémicas de aves, de las cuales, un tercio de ellas ya se encuentran extintas. Además, cuando estos colonos polinesios recalaron en las islas no hallaron en ellas reptiles, anfibios, cucarachas o mosquitos, siendo el murciélago hoary y las focas monje sus únicos mamíferos. Ante esta ausencia de depredadores, las formas de vida nativas no desarrollaron defensas naturales como el veneno, las espinas o el camuflaje, por lo que la introducción de especies de forma directa o indirecta han tenido graves consecuencias biológicas, incluyendo la destrucción de los ecosistemas y la extinción generalizada de especies endémicas. En la actualidad, el parque nacional posee el triste record de ser la reserva natural con mayor número de plantas y animales en peligro de extinción dentro del sistema de parques nacionales de los Estados Unidos, aunque las autoridades del parque están poniendo todo su empeño en erradicar a las especies foráneas de esta área. Por desgracia, debido a la falta de financiación, el parque tan sólo puede proteger activamente a las especies más emblemática de la reserva, como el petrel hawaiano, la barnacla de Hawái, o las espadas plateadas del Mauna Loa, una especie vegetal conocida por sus largas y estrechas hojas de níveos tonos que crecen en los desiertos alpinos por encima de los mil quinientos metros de altura, adaptándose a suelos pobres en nutrientes.

El Parque Nacional de los Volcanes de Hawái fue fundado en el año 1916, hace ya casi cien años, integrando un hermoso ejemplo de la actividad volcánica a lo largo de los siglos, conformando uno de los pocos lugares donde los visitantes pueden ver cara a cara este fenómeno natural que quita y da la vida como si de un dios se tratase. Una extensión de 1348 km² de vegetación tropical, yermos y calcinados territorios y cumbres humeantes, donde es habitual poder observar carreteras tomadas por los flujos de lava en su vehemente e incontenible camino hacia el mar.


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Alfred Elkerbout


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Alex Schwab


Volcán Kilauea, Hawái
Brian Snelson


Volcán Kilauea, Hawái
Brian Snelson


Río de lava, Volcán Kilauea, Hawái
ben britten


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Brian Snelson


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Art Bromage


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Yinghai


Selva tropical en el Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
David Fulmer


Sadleria cyatheoides. Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
J Brew


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Nathan Forget


Flujo de lava del Kilauea llegando al océano Pacífico
Kenneth Lu


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Upsilon Andromedae


Flujo de lava del Mauna Loa llegando al océano Pacífico
Kathy


Mauna Loa
SF Brit


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Thomas Tunsch


Parque Nacional de los Volcanes de Hawái
Nathan Forget