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Uluru: El ombligo del mundo

Un inmenso inselberg de tonos encarnados se alza imponente en el corazón de Australia. Uluru, el ombligo del mundo. Un lugar sagrado y venerado por los aborígenes desde tiempos ancestrales. Nuestra entrada de hoy nos traslada al Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, donde espectaculares formaciones geológicas dominan la vasta planicie arenosa del centro de Australia, donde el colosal Uluru, uno de los mayores monolitos del mundo, reina sobre estas tierras con sus más de 348 metros de alto, 9 kilómetros de longitud y 2,5 kilómetros de profundidad bajo tierra, formando parte, junto a las cúpulas rocosas de Kata Tjuta, del ancestral sistema de creencias de una de las sociedades humanas más antiguas del mundo. Un lugar donde la belleza natural y el patrimonio cultural de los hombres se fusionan.

Nadie sabe con seguridad cuando llegaron los primeros aborígenes a la zona, aunque los hallazgos arqueológicos realizados en el parque nacional evidencian la presencia de asentamientos humanos desde hace más de 10.000 años. Para las tribus aborígenes tanto Uluru como Kata Tjuta albergan una gran importancia espiritual y cultural. Los anangu creen que el paisaje de Australia Central fue concebido al principio de los tiempos por sus antepasados creadores, pues según narran sus leyendas y mitos, el mundo carecía de formas y relieves hasta que estos ancestros surgieron de la nada y viajaron a través del mundo, creando todas las formas de vida y moldeando los rasgos del paisaje. Uluru está considerado como uno de los inmutables testigos de este génesis del mundo, por lo que las tribus no ven con buenos ojos a los turistas que ascienden a la cima del monolito sagrado, ya que dicho ascenso se encuentra asociado a sus ceremonias y creencias, integrando la senda que sus ancestros recorrieron durante el proceso de creación. Existen diversas supersticiones acerca de Uluru, como aquella que nos advierte que quien tome sus rocas para llevarlas consigo será maldecido y caerá en desgracia, por lo que se han constatado casos de personas supersticiosas que han intentado enviarlas de vuelta al sagrado monolito para aplacar tal maldición.

En la década de 1870, los primeros hombres blancos llegaron a la zona, siendo, en dos diferentes expediciones, Ernest Giles y William Gosse sus primeros exploradores. En 1872, Giles avistó Kata Tjuta desde un lugar cercano a Kings Canyon, proclamando su nuevo nombre de Monte Olga, mientras que al año siguiente, Gosse observó Uluru, designando a la sagrada roca como Ayers Rock, en honor del Delegado del Gobierno en Australia del Sur, Henry Ayers. Otras expediciones llegaron tras ellos con el objetivo de hallar zonas de pastoreo y posibles explotaciones mineras. Ya a princios del siglo XIX, los colonos trataron de establecerse en las zonas adyacentes a la reserva, por lo que las relaciones entre el pueblo anangu y los colonos se hicieron más frecuentes y violentas. Finalmente, el Gobierno declaró esta tierra patrimonio del estado, y hacia 1950, los turistas y los mineros ya habían comenzado a crear caminos y senderos tanto hacia Uluru como hacia Kata Tjuta. Por entonces, tan sólo unos cuantos miembros de la tribu anangu vivían en Uluru, sin embargo, y a medida que el turismo crecía, los miembros de esta tribu se vieron obligados a refugiarse en las llanuras del centro de Australia. En la década de 1970, el turismo ya mostraba sus efectos negativos en el medio ambiente y la cultura de los aborígenes, aunque no fue hasta 1979 cuando, en reconocimiento de los ancestrales dueños de Uluru y Kata Tjuta, se creó el parque nacional. El 26 de octubre de 1985, el gobierno australiano cedió la propiedad de Uluru a los aborígenes, aunque como arrendamiento al Servicio de Parques Nacionales australianos por un período de 99 años. El primer ministro también pactó entonces con estos pueblos aborígenes la futura prohibición del ascenso a la cima del Uluru. Un acuerdo que no fue respetado, ya que a día de hoy es posible contemplar a los turistas transitando por su cima, mientras otros prefieren no hacerlo para respetar a aquellos que consideran sagrado este suelo.

Dejando a un lado la historia, podemos afirmar que el inselberg de Uluru está predominantemente compuesto por arcosa de grano grueso, un tipo de piedra arenisca que se caracteriza por la abundancia de feldespato. El proceso de oxidación de los minerales de hierro en sus capas exteriores engalanan la roca con un color marrón rojizo, aunque la superficie del monolito muda sus tonos según el ángulo de incidencia de los rayos solares, tanto a lo largo del día como en las diferentes estaciones del año. Una imagen que se torna particularmente bella al atardecer, mostrándonos a la gigantesta roca de arenisca resplandeciendo carmesí sobre las llanuras. Un paraje de increíble belleza escénica y un icono del país austral, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1987.


Uluru: El ombigo del mundo. Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Matt


Uluru al ocaso. Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Richard Fisher


Puesta de sol en el Kata Tjuta. Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Justin Otto


Inselberg de Uluru. Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Percita Dittmar


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Marc Veraart


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Nathan Siemers


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Kyle Taylor


Uluru visto desde el lado sur. Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Paul Arps


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Kyle Taylor


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Peter Priday


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Marc Veraart



Chris McGaw


Turistas ascendiendo al Uluru. Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Robert Link


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Rupert Ganzer


El cerebro del Uluru.. Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
F Delventhal


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Robert Nyman


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
jeaneeem


Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Australia
Robert Young