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Las Montañas Simien: La belleza del macizo de Abisinia

Durante millones de años, la fuerza de la erosión ha moldeado el macizo de Abisinia hasta convertirlo en uno de los paisajes más espectaculares del mundo. Un sistema montañoso ubicado al norte de Etiopía donde se encuentra el célebre Lago Tana, la fuente del Nilo Azul, así como las majestuosas Montañas Simien, declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1978. Un horizonte dominado por los picos, los abisales valles, las altiplanicies y los escarpados precipicios que dan cobijo a diversas especies de mamíferos endémicos, como el gelada, el lobo etíope o la cabra de Abisinia, una cabra montesa que no se encuentra en ningún otro lugar del planeta.

Esta región de mesetas separadas por valles y picos que se elevan sobre los cuatro mil metros de altura ha sido habitada por los humanos durante al menos dos mil años, tal y como atestiguan los diversos restos arqueológicos de la zona, como Aksum, la ciudad más sagrada de Etiopía y uno de los lugares de peregrinación más importantes del país, donde aún pueden observarse más de cien monolitos de piedra tallada a mano, así como las iglesias excavadas en la roca basáltica de Lalibela o las imponentes ruinas de Gondar, uno de los lugares que inspiró a Tolkien para escribir El Señor de los Anillos, donde permanecen en pie las iglesias, palacios y castillos erigidos en el siglo XV. Unas montañas que integraron en el pasado un punto de cruce de antiguas rutas comerciales, unas tierras altas y fértiles donde los hombres prosperaron gracias a la agricultura durante siglos, comenzando sus cultivos en las laderas más suaves de los valles para más tarde extenderse a las pendientes más pronunciadas.

Entre estas montañas, donde naturaleza y patrimonio de la humanidad se fusionan, se encuentra el Parque nacional de Simien, donde aún pueden contemplarse los bosques de salvia, las hermosas praderas semialpinas salpicadas de afloramientos rocosos o los brezos gigantes que alcanzan hasta siete metros de altura. Una región que, por desgracia, se encuentra muy degradada por la mano del hombre, quien ha expandido sus actividades agrícolas y ganaderas durante siglos, por lo que en escasos enclaves se conservan sus bosques originales.

El parque nacional integra el hogar de diversos animales exóticos entre los que destaca el theropithecus gelada. Una especie endémica de las tierras altas de Etiopía que, al igual que los babuinos, son terrestres y pasan sus horas alimentándose en las praderas. Los geladas pueden distinguirse de los babuinos por su piel de vivos colores, luciendo en su pecho una mancha teñida de rojo y rodeada de pelo blanco. Estos primates viven en pequeños grupos compuestos por un macho, varias hembras y sus crías, conformando pequeñas comunidades que se unen con otras para alimentarse, llegando a formar grupos de más de trescientos individuos. Los geladas se alimentan preferentemente de hierbas, comiéndose la planta entera, incluidas semillas, raíces y tallos, presentando los pulgares oponibles más desarrollados de los monos del Viejo Mundo, lo que les permite separar con gran destreza las hierbas para encontrar las partes más nutritivas. Tristemente, en la parte más al sur de la meseta de Amhara, los geladas machos son perseguidos por los nativos para utilizar sus melenas en las ceremonias de bienvenida a la madurez, provocando una terrible pérdida de la mayor parte de la población de machos adultos, trastornando de este modo la estabilidad poblacional de la especie.

Además de los grandes grupos de geladas, en el área del parque nacional se han resgistrado un total de veintiún mamíferos, como los colobos, el hamadríade o babuino sagrado egipcio, el zorro de Simien, el leopardo, el caracal, el bosbok o el saltarrocas, así como cuatrocientas especies de aves, incluyendo al quebrantahuesos, al águila de Verreaux, el cernícalo, el halcón borní o el busardo augur oriental. Una diversidad que nos revela la riqueza de este parque natural y sus hábitats a gran altitud, donde la disparidad topográfica y climática ha moldeado estos ecosistemas afromontanos y afroalpinos. Un espectacular paisaje que atesora una asombrosa fauna, el hogar de diversas especies amenazadas a nivel mundial. Un tesoro de la naturaleza que comparte un oscuro futuro con otras grandes maravillas de nuestro planeta, pues estas montañas permanecen inscritas desde 1996 en la Lista de Patrimonio de la Humanidad en peligro.


Las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Rod Waddington


Las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Rod Waddington


Geladas en las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Rod Waddington


Geladas en las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Rod Waddington


Especie de Lobelia gigante, natural de las montañas del este de África. Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Rod Waddington


Parque nacional de Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Alan


Macho de gelada en las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
M. Bos


Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Alan


Geladas en las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Alastair Rae


Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Ondřej Odcházel


Grupo de geladas en las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Dave Watts


Gelada en las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Marc Veraart


Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Indrik myneur


Grupo de geladas en las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Indrik myneur


Grupo de geladas en las Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Indrik myneur


Montañas Simien, macizo de Abisinia, Etiopía.
Marc Veraart


Gelada (Theropithecus gelada) y cabra montesa de Etiopía (Capra walie) dentro del Parque Nacional de Simien. Etiopía.
Paulo Philippidis