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Fauna Asombrosa II: La vida en nuestro planeta

Hoy continuamos con nuestra serie de entradas de "Fauna Asombrosa", donde conoceremos excepcionales e increíbles formas de vida, auténticos prodigios de la evolución. Desde la rana de la madera, capaz de soportar la congelación de su sangre y tejidos, hasta los osos de agua o tardígrados, unos sorprendentes extremófilos capaces de sobrevivir durante años sin agua o comida, resistentes tanto a la radiación espacial como a temperaturas extremas.


La rana de la madera ( Lithobates sylvaticus )

La rana de la madera ( Lithobates sylvaticus ) es un pequeño anfibio de color marrón oscuro que habita principalmente en Alaska y Canadá. Un pequeño ser que tan sólo alcanza un tamaño medio de entre 51 y 70 mm, pero que ha captado la atención de los biólogos en el último siglo debido a su tolerancia a las bajas temperaturas, pudiendo soportar la congelación de su sangre y tejidos. Un extremófilo que conforma una de las cuatro especies de ranas norteamericanas que son capaces de congelarse "en estado sólido" y sobrevivir con aproximadamente un 65% del agua de su cuerpo completamente convertida en hielo. Para conseguir tal proeza, esta pequeña rana posee una gran cantidad de nucleoproteínas en su torrente sanguíneo que potencian la formación de hielo, aunque evitan que éste se organice en forma de grandes cristales que dañarían a las células, además, sintetiza en su hígado grandes cantidades de glucosa al inicio de la congelación. La glucosa se concentra en el interior de las células y hace las veces de anticongelante, evitando que se congelen los fluidos celulares. Al finalizar su hibernación, cuando aumentan las temperaturas de su hábitat, se descongela en primer lugar su corazón, para que la circulación se reactive y evitar así daños en los demás órganos.


La rana de la madera ( Lithobates sylvaticus )
Brian Gratwicke


Glaucus atlanticus

El Glaucus atlanticus es una babosa marina que habita en las zonas superficiales de los mares templados y tropicales, alcanzando un tamaño que varía entre los 3 y 4 centímetros de largo, aunque sin lugar a dudas, lo que más nos sorprende a primera vista en este pequeño nudibranquio es su increíble aspecto, que bien podría formar parte de los bocetos de una película de Ridley Scott. Su coloración azul plateada y sus seis apéndices bastante ramificados presentan rayas azules oscuras o negras, lo que le confiere una excepcional belleza. Con la ayuda de un saco lleno de gas en su estómago adquiere la flotabilidad que le permite permanecer en la superficie marina, aunque los científicos no se ponen de acuerdo sobre si esta babosa marina se mueve por si misma o es arrastrada por las corrientes. Aunque quizás lo más excepcional de este ser es su método de defensa, dado que la evolución le privó de la característica concha del resto de los moluscos. El glaucus atlanticus se alimenta principalmente de medusas, tomando para sí las formas de defensa de su presa para después utilizarlas en su propio beneficio. Además de las medusas también se alimenta de la altamente venenosa carabela portuguesa (Physalia physalis), un organismo colonial con apariencia de medusa, recogiendo su veneno en sacos especializados en las puntas de sus ceratas o "dedos" de sus extremidades, llegando a producir un veneno más potente y mortal que el adquirido de su presa.


Glaucus atlanticus
Brian Gratwicke


Glaucus atlanticus
Imtorn


La esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum)

La esfinge colibrí es una mariposa esfíngida que habita en el sur de Europa, incluyendo la Península Ibérica, en el norte de África y el centro de Asia. Un animal que pertenece al grupo de las mariposas nocturnas y sin embargo sólo vuela durante el día. Este hermoso lepidóptero nos recuerda más a un colibrí que a un insecto, evitando posarse en las flores cuando liba el néctar con su larga trompa, casi de la misma longitud que su cuerpo. Su forma de volar también nos recuerda al colibrí, agitando furiosamente sus alas, desde 72 a 85 aleteos por segundo, mientras que la mayoría de las mariposas no sobrepasan los 12 aleteos por segundo, pudiendo alcanzar una increíble velocidad cercana a los 60 kilómetros por hora. Además, en el extremo de su abdomen presenta un mechón de vello sedoso que nos recuerda a la forma de la cola de un ave. Aunque algunos podrían pensar en una estrategia de imitación o mimetismo por parte de la evolución, cabe aclarar que este extraño insecto habita a miles de kilómetros del hábitat de los colibríes, endémicos del continente americano.


La esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum)
Miss Baker


La esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum)
Jean-Raphaël Guillaumin


Los osos de agua o tardígrados

En esta imagen vista desde un microscopio podéis observar al diminuto oso de agua o tardígrado sobre el musgo, aunque podría fotografiarse en prácticamente cualquier lugar, pues virtualmente no existe ningún rincón del mundo que no puedan habitar. Un ser excepcional que puede llegar a verse a simple vista, pues los adultos más grandes llegan a alcanzar una longitud de 1.5 milímetros. Un extremófilo capaz de sobrevivir durante años sin agua o comida, resistente tanto a la radiación espacial como a temperaturas cercanas al cero absoluto o muy por encima del punto de ebullición del agua. Un panartrópodo que posee características únicas en el reino animal, tales como poder sobrevivir en el vacío del espacio o a presiones muy altas, de hasta seis mil veces la presión atmósferica en la superficie de la Tierra. De hecho, la supervivencia de estos vulgarmente llamados osos de agua se puso a prueba en el año 2007, cuando se lanzó la sonda espacial Foton M3 de Rusia y la ESA, y en ella fue colocado un grupo de tardígrados. Se comprobó que no sólo sobrevivieron a las condiciones del espacio exterior, sino que incluso mantuvieron su capacidad reproductiva, por lo que se les considera el ser vivo más resistente del planeta. Estos tardígrados son tan duraderos porque pueden reparar su propio ADN y reducir su contenido de agua corporal a muy bajos niveles. Sus increíbles singularidades podrían hacernos considerarlos como una forma de vida propia de un relato de ciencia ficción, aunque realmente, algunos de estos osos de agua casi se convirtieron en extraterrestres hace poco, cuando se pusieron en marcha hacia la luna marciana de Fobos a bordo de la nave espacial rusa no tripulada Fobos-Grunt, aunque desgraciadamente se quedaron sin realizar tal proeza debido a un fallo en la cápsula, que permaneció en la órbita terrestre.


Oso de agua ( tardígrado). Vista de microscoio.