Pin It

Widgets

Parque nacional de Komodo: Las islas de los dragones

Para preservar estas bellas islas volcánicas y con el objetivo de proteger al dragón de Komodo, fue fundado en el año 1980 el Parque nacional de Komodo. Una reserva natural que abarca las tres grandes islas de Komodo: Rinca, Padar y Gili, así como muchas otras de menor tamaño. Las colinas de estas islas, tapizadas por una vegetación de sabana seca y plantas espinosas, contrasta con las playas de blanca arena y las aguas azul intenso que rompen contra las cobrizas rocas. Un lugar donde habitan aproximadamente unos seis mil lagartos gigantes. Una especie de reptiles que no existe en ningún otro lugar del mundo, pues son endémicos de estas islas de Indonesia central. Unas criaturas de unos tres metros de longitud y unos setenta kilogramos de peso, aunque el mayor espécimen salvaje conocido llegó a medir 3,13 metros de longitud y a pesar 166 kg, incluyendo la comida sin digerir en su estómago. Unos seres cuyo aspecto y comportamiento agresivo les han granjeado el nombre de “dragones” de Komodo.

El Varanus komodoensis es el lagarto de mayor tamaño del mundo, y a consecuencia de su tamaño, integra el superpredador o cima de la cadena trófica en los ecosistemas en los que habita. A pesar de que se alimentan principalmente de carroña, siendo capaces de percibirla incluso a distancias de casi diez kilómetros, también cazan y tienden emboscadas a sus presas, tales como invertebrados, aves o mamíferos. Su excepcional tamaño y su reputación de animal temible los convierte en uno de los animales más populares de los zoológicos, aunque en estado salvaje son una especie amenazada, con un ámbito de distribución reducido debido a las actividades humanas, por lo que están catalogados como vulnerables en la Lista Roja de la UICN.

Su época de apareamiento comienza entre julio y agosto, mientras la puesta de huevos suele ser en el mes de septiembre. Estos grandes lagartos depositan aproximadamente veinte huevos en los nidos abandonados de los talégalos, unas aves galliformes de tamaño medio que habitan en la zona, incubándolos durante siete u ocho meses, hasta su eclosión en abril, cuando los insectos son más abundantes. Tras el nacimiento, los jóvenes son vulnerables, por lo que suelen habitar en las ramas de los árboles, que les brindan protección de los depredadores o de adultos de su misma especie que pueden ver en ellos una presa fácil. Estos jóvenes ejemplares tardan aproximadamente entre tres y cinco años en madurar, aunque pueden vivir hasta cincuenta años. Unos seres que se encuentran entre los pocos vertebrados con capacidad de reproducción por partenogénesis, una forma de reproducción basada en el desarrollo de células sexuales femeninas no fecundadas, pudiendo así prescindir de los machos. Algo que podríamos interpretar como reproducción asexual.

El dragón de Komodo prefiere lugares cálidos y secos para vivir, como zonas bajas de bosques tropicales, prados abiertos de hierba alta o sabanas. Unos animales que son fundamentalmente solitarios, aunque se reunen para emparejarse y comer cuando detectan carroña. A pesar de su tamaño, son capaces de recorrer grandes distancias a nado para alcanzar islas vecinas o iniciar breves carreras por tierra de hasta veinte kilómetros por hora, emboscando en ocasiones a presas de gran tamaño, generalmente especies introducidas por el hombre en las islas, como el ciervo de Timor, los jabalíes, caballos o búfalos de agua. Aunque sean extremadamente poco habituales, se han confirmado diversos ataques a humanos, siendo el más reciente el acaecido el 4 de junio de 2007, cuando uno de estos dragones atacó a un niño de ocho años. El joven murió poco después debido a la gran pérdida de sangre a causa de las heridas recibidas, siendo el primer ataque mortal registrado en 33 años. Tras el ataque, los nativos culparon a los ecologistas, pues prohibieron los sacrificios de cabras que se les ofrecían a los dragones, privándoles de una fuente de alimento con la que contaban para saciarse, invitándolos de este modo a vagar por donde habitan los humanos en busca de comida. Tristemente, como en casi todos los casos de ataques de animales salvajes a humanos, debemos recordar que somos los húmanos quienes hemos confinado al mundo salvaje a estos pequeños hábitats cercados por la civilización.

Muchos naturales de la isla de Komodo creen que estos "dragones" son realmente la reencarnación de antiguos nativos de la isla, por lo que deben ser tratados con reverencia, como antiguos dueños y señores de estas islas volcánicas de Komodo. Un lugar donde fotógrafos y turistas pueden acercarse a estos seres amenezados y de gran interés científico para el estudio de la evolución.



Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Yusmar Yahaya


Dragón de Komodo en el Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Adhi Rachdian


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Andurinha


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Yusmar Yahaya


Dragones de Komodo en el Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Brice Li


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Yusmar Yahaya


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Mats Stafseng Einarsen


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Andurinha


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Andurinha


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Andurinha


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Bryn Pinzgauer


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Andurinha


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Andurinha


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Andurinha


Untitled
Andurinha


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Bryn Pinzgauer


Parque nacional de Komodo. Islas de Indonesia central
Bryn Pinzgauer