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El atolón de Palmyra: Una isla deshabitada en mitad del océano

Nuestra entrada de hoy nos sitúa en una pequeña isla deshabitada y poco conocida, un remanso de paz que descansa apaciblemente en la inmensidad del Pacífico. El atolón de Palmyra forma parte del archipiélago de las Islas de la Línea, también llamadas Espóradas Ecuatoriales, pues están situadas a ambos lados de la línea del ecuador, ubicándose en la zona central del océano, al norte de Kiribati y al sur de las islas hawaianas. Este pequeño atolón cuenta con casi quince kilómetros de costa, albergando un extenso arrecife, dos lagunas y aproximádamente cincuenta islotes de arena y roca cubiertos por la vegetación tropical, la mayoría de ellos conectados entre sí. El atolón de Palmyra es un territorio dependiente de los Estados Unidos, aunque en una situación realmente atípica, pues no existe ninguna ley del congreso americano que especifique cómo debería ser gobernado, por lo que actualmente, es el único territorio estadounidense incorporado a su soberanía pero no organizado. Un lugar totalmente ajeno al globalizado estrés que marca el ritmo de la humanidad.

El atolón no cuenta con ningún tipo de actividad económica, pues no hay nadie que viva allí de forma permanente y no existe ninguna razón que incite a pensar que alguien lo vaya a hacer en el futuro. Durante la Segunda Guerra Mundial se construyeron carreteras y calzadas en la isla, pero actualmente se encuentran en un estado de profundo abandono y la vegetación ha ido recuperando su terreno. Palmyra también cuenta con una pequeña pista de aterrizaje sin pavimentar de aproximádamente dos kilómetros de longitud, y en el año 2004 se construyeron bungalows y duchas con capacidad para dos personas, pensados para posibles residentes temporales. El agua dulce es recogida de las lluvias en la azotea de uno de estos edificios comunales, contando con una cocina común y un comedor junto al único fondeadero.

El atolón de Palmyra fue avistado por primera vez en 1798 por el capitán Edmund Fanning, a bordo del Betsy, navegando rumbo a Asia. La historia cuenta que Fanning tuvo extrañas pesadillas durante la noche previa al descubrimiento de la isla, despertándose sobresaltado en varias ocasiones. Temeroso de estos presentimientos, ordenó a su tripulación botar el ancla. Con la llegada del albor y las primeras luces del día descubrieron que el barco se encontraba a menos de una milla náutica de los arrecifes, y de no haberse detenido, el Betsy hubiese encallado en las rocas. Cuatro años después, el 7 de noviembre de 1802, el capitán Sawle, a bordo del USS Palmyra, no tuvo tanta suerte como Fanning y naufragó en el arrecife que circunda el atolón, el cual terminó tomando el nombre del desdichado navío, siendo la primera vez que aquellas playas eran pisadas por los occidentales. Paralelamente a los datos históricos proliferan diversos rumores sobre la isla. Uno de los más curiosos atestigua la existencia de un tesoro enterrado en el atolón, afirmando que en el año 1816, el Esperanza, un navío español cargado de oro y plata procedente de los templos incas de Perú fue asaltado por otro navío, dando lugar a un feroz combate que dejó la embarcación incapacitada. Los supervivientes de la batalla consiguieron llevar el barco hasta un arrecife cercano y antes de que el barco se hundiera, consiguieron trasladar el tesoro a la isla. Los náufragos permanecieron en la isla durante un año, enterraron el oro y construyeron rudimentarias embarcaciones con las que finalmente partieron dejando atrás todo aquello que no podían cargar. Se cuenta que una de estas balsas fue rescatada por un ballenero americano, pudiendo salvar a un único hombre agonizante que falleció poco después.

El atolón cambió de manos repetidas veces, siendo reclamado por estadounidenses, hawaianos y británicos, hasta que 1898, Palmyra pasó a formar parte de los Estados Unidos junto con la anexión total de las islas de Hawái. A partir del año 1962 Palmyra inició su leyenda negra, cuando el departamento de defensa estadounidense realizó ensayos nucleares de gran altitud sobre el atolón, desplazando a la isla un grupo de cuarenta personas para realizar las observaciones. Finalmente, los militares abandonaron la isla en la década de los años setenta. Ya en el año 1974, un narcotraficante perseguido por la justicia huyó de Háwai y se refugió en la isla. Al parecer, el barco del prófugo se encontraba en pésimas condiciones. Cuando una pareja de turistas fondeó su barco en el atolón, el narcotraficante los asesinó para poder robarles su embarcación, un hecho que alcanzó los titulares en los medios de comunicación, por lo que comenzaron a extenderse rumores sobre sucesos misteriosos y paranormales en la isla.

Dejando las visitas de las embarcaciones privadas a un lado, los únicos visitantes habituales de la isla son las aves marinas, pues al atolón es su único lugar de reproducción en más de un millón de kilómetros cuadrados de océano, pues la mayoría de los atolones que pueden sostener la vida humana han sido colonizados, integrando, según los ecologistas, un lugar de importancia mundial para las aves, siendo común poder avistar en la isla a las hermosas fregatas, el alcatraz patirrojo o el rabijunco. Muchas aves acuden al atolón debido a su meteorología, contando con un clima muy húmedo y altos índices de precipitaciones lluviosas que permiten, a pesar de su pequeña extensión, una exuberante masa forestal donde abundan pequeños bosques de pisonias, que pueden llegar a alcanzar los treinta metros de altura, conformando una red de ramas y espeso follaje que suponen un lugar idílico para la anidación.

Se desconocen las razones por la que los navegantes polinesios no colonizaron jamás el atolón, aunque seguramente si visitaron esta pequeña y bella isla, así como sus playas vírgenes de blanca arena, sus lagunas de aguas prístinas y su verde vegetación, un asombroso lugar que durante varias horas al día, coincidiendo con la marea baja, multiplica su superficie abarcando una enorme llanura de miles de hectáreas conformadas por la plataforma arrecifal. El atolón de Palmyra fue adquirido recientemente por uno de los grupos ecologistas más importantes del mundo, The Nature Conservancy, siendo gestionado como una reserva natural y un refugio nacional de vida salvaje, en un intento de proteger uno de los últimos atolones vírgenes del océano Pacífico.


El atolón de Palmyra, Islas de la Línea, ( Espóradas Ecuatoriales )
U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters


alcatraz patirrojo en el atolón de Palmyra, Islas de la Línea
U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters


El atolón de Palmyra, Islas de la Línea
U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters


Arrecifes de coral en el atolón de Palmyra, Islas de la Línea
U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters


Pez mariposa en el atolón de Palmyra, Islas de la Línea
U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters


El atolón de Palmyra, Islas de la Línea
NOAA Photo Library


El atolón de Palmyra, Islas de la Línea
NOAA Photo Library


playa norte del atolón de Palmyra, Islas de la Línea
Wikipedia